Por: Ana Celia Lara
San Andrés Cholula no es solo un municipio con denominación de origen y pirámides milenarias; es la última joya de la corona que el panismo defenderá con uñas, sotanas y crucifijos políticos.
En el búnker azul saben bien que perder ese bastión equivaldría a apagar la última veladora del blanquiazul en la zona metropolitana. Por eso, Guadalupe Cuautle Torres ha decidido curarse en salud y levantar la mano por la reelección rumbo al 2027.
Sabe que en política el que pestañea pierde, y más si enfrente tiene a un oficialismo estatal que vigila con lupa cada movimiento.
A esto hay que sumarle el proceso interna. En el PAN local los suspirantes hacen fila con el rosario en una mano y la encuesta en la otra, listos para cobrar factura si el desgaste institucional pesa más que la estructura partidista.
Cuautle apuesta al trabajo de tierra, a la operación cotidiana y a la disciplina de cuartel para blindar su proyecto.
Pues ya aparecieron figuras como Blanca Jiménez, así como la del eterno candiato Ray Cuautli, o Paco Mixcóatl, y no hay que perder de vista que Karina Pérez Popoca está aferrada a regresar a la alcaldía por Morena o cualquier otro partido.
Al final del día, San Andrés Cholula se cuece aparte. Entre herencias incómodas, la voracidad del oficialismo y la urgencia azul por sobrevivir, Lupita Cuautle juega sus cartas en la cuerda floja, consciente de que en la política cholulteca, del plato a la boca se cae la alcaldía. Ni Más Ni Menos
Hasta entonces…
Ana Celia Lara
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