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lunes, septiembre 7, 2026

LAS DOS LEALTADES DE ARMENTA Y EL PODER EN LA MESA

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Por: Luis David García

Eran las 6:15 cuando el gobernador Alejandro Armenta llegó acompañado de sus colaboradores al CIS.

La escena tenía algo que los actos públicos pocas veces permiten apreciar: al hombre más importante del estado sentado a la mesa, con tiempo para conversar. Cercano, de buen humor, dispuesto al intercambio. Durante la comida, podía detenerse en una anécdota y volver, enseguida, al detalle de un proyecto.

Había política, pláticas sobre ajedrez y cinco horas por delante.

Conforme avanzó la tarde, quedó claro que el gobernador quería explicar algo más que un balance de sus primeros 600 días: cómo piensa el gobierno y hacia dónde pretende llevar a Puebla.

Así de pensar en grande a transformar en grande, se convirtió en una frase que expresa una visión: construir un estado moderno, capaz de atraer inversiones, formar talento, producir riqueza y ejercer su autoridad y para una entidad que ha vivido altibajos y proyectos sin seguimiento, recuperar la continuidad es también una forma de ejercer el poder.

En la mesa estaban José Luis García Parra, Jorge David Cortés, Ana Laura Altamirano, Michelle Talavera, Pepe Tomé, Francisco Sánchez y Natalie Hoyos.

Lo acompañaban con detalles, mientras Armenta desglosaba. Los videos, las diapositivas y los datos acompañaban la plática. Entre un tema y otro aparecía ese seguimiento estricto que mantiene con sus colaboradores: conocer el proyecto, identificar el pendiente y buscar la manera de resolverlo.

El cómo sí, convertido en método de trabajo.

Max Weber describió la política como una perforación lenta de tablas duras, una tarea que exige pasión y mesura. El mandatario lo cita. La imagen ayuda a entender esa combinación de voluntad, persistencia y conocimiento de la maquinaria pública.

El paso por el Senado y su experiencia como administrador aparecieron como antecedentes de decisiones actuales. Y conforme pasó la tarde, fue dibujándose un político que conoce el valor de los acuerdos y la importancia de darles seguimiento.

La conversación sobre el Museo Internacional del Barroco fue especialmente reveladora. Armenta destacó el pago de sus obligaciones y lo vinculó con una premisa: hacer más con menos.

Resolver compromisos heredados y recuperar margen de maniobra permite decidir sobre el futuro. Desde ahí habló de proyectos multianuales, posibles esquemas de participación privada y de su planteamiento de realizarlos sin contratar nueva deuda.

En el campo, la propuesta fue todavía más explícita: pasar de un estado que administra a uno que produce. El gobernador habló de la próxima implementación en Puebla de los proyectos nacionales de café y maíz del bienestar, junto con el potencial de la miel. La intención: abrir mercados y permitir que los productores reciban una mayor parte del valor de lo que generan.

Modernizar Puebla también exige desmantelar vicios del pasado y en ese sentido la seguridad tuvo su propio peso.

Se habló de grupos criminales, detenciones y combate al robo de combustible. Con el vicealmirante Francisco Sánchez presente, la coordinación y la capacidad operativa ocuparon un lugar central.

El mensaje del gobernador apuntó también a las complicidades entre autoridades municipales y delincuencia: por lo que anticipó, habrá nuevas acciones contundentes, sin importar partidos, en contra de mandos altos vinculados con el crimen.

Pero quizá el movimiento político más interesante de la tarde estaba en la propia reunión.

Sentarse durante cinco horas con líderes de opinión y comunicadores supone reconocer la importancia de quienes interpretan la vida pública del estado; ahí la comunicación adquirió un sentido estratégico: explicar decisiones, sostener argumentos y mantener cercanía con los poblanos en tiempos de posverdad.

Hubo risas y valores entendidos. Se habló también de estrategia, de actores políticos y de futuros compartidos. El horizonte de 2027 estaba presente.

Mi lectura es que el gobernador buscó colocar esa discusión dentro de un marco: el rumbo político se construye desde la conducción del gobierno. Las obras, las inversiones y las instituciones forman parte del terreno sobre el que se moverán las piezas.

Entre todos los temas, hubo una idea capaz de ordenar la reunión: las dos lealtades de Armenta, hacia la presidenta Claudia Sheinbaum y hacia el pueblo.

La primera expresa pertenencia a un proyecto nacional, coordinación y entendimiento político. La segunda fija el destino de ese esfuerzo: que las decisiones encuentren sentido en la vida de los poblanos.

Juntas trazan una posición para los años que vienen: alineamiento con la presidenta y una responsabilidad estatal con prioridades y conducción propias.

Al cabo de cinco horas, la cercanía había permitido observar mejor al gobernador. El humor convivía con la exigencia; la experiencia, con una visión de modernización que incluye enfrentar las complicidades que han limitado a Puebla.

Al final, en la mesa estaba un hombre cómodo en el ejercicio del poder y consciente de lo que implica sostenerlo.

Para los círculos políticos de Puebla, esa es una imagen que conviene registrar rumbo a 2027: Armenta ha puesto sus prioridades sobre la mesa y espera que su equipo se mueva con ellas.


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Por: Luis David García

Eran las 6:15 cuando el gobernador Alejandro Armenta llegó acompañado de sus colaboradores al CIS.

La escena tenía algo que los actos públicos pocas veces permiten apreciar: al hombre más importante del estado sentado a la mesa, con tiempo para conversar. Cercano, de buen humor, dispuesto al intercambio. Durante la comida, podía detenerse en una anécdota y volver, enseguida, al detalle de un proyecto.

Había política, pláticas sobre ajedrez y cinco horas por delante.

Conforme avanzó la tarde, quedó claro que el gobernador quería explicar algo más que un balance de sus primeros 600 días: cómo piensa el gobierno y hacia dónde pretende llevar a Puebla.

Así de pensar en grande a transformar en grande, se convirtió en una frase que expresa una visión: construir un estado moderno, capaz de atraer inversiones, formar talento, producir riqueza y ejercer su autoridad y para una entidad que ha vivido altibajos y proyectos sin seguimiento, recuperar la continuidad es también una forma de ejercer el poder.

En la mesa estaban José Luis García Parra, Jorge David Cortés, Ana Laura Altamirano, Michelle Talavera, Pepe Tomé, Francisco Sánchez y Natalie Hoyos.

Lo acompañaban con detalles, mientras Armenta desglosaba. Los videos, las diapositivas y los datos acompañaban la plática. Entre un tema y otro aparecía ese seguimiento estricto que mantiene con sus colaboradores: conocer el proyecto, identificar el pendiente y buscar la manera de resolverlo.

El cómo sí, convertido en método de trabajo.

Max Weber describió la política como una perforación lenta de tablas duras, una tarea que exige pasión y mesura. El mandatario lo cita. La imagen ayuda a entender esa combinación de voluntad, persistencia y conocimiento de la maquinaria pública.

El paso por el Senado y su experiencia como administrador aparecieron como antecedentes de decisiones actuales. Y conforme pasó la tarde, fue dibujándose un político que conoce el valor de los acuerdos y la importancia de darles seguimiento.

La conversación sobre el Museo Internacional del Barroco fue especialmente reveladora. Armenta destacó el pago de sus obligaciones y lo vinculó con una premisa: hacer más con menos.

Resolver compromisos heredados y recuperar margen de maniobra permite decidir sobre el futuro. Desde ahí habló de proyectos multianuales, posibles esquemas de participación privada y de su planteamiento de realizarlos sin contratar nueva deuda.

En el campo, la propuesta fue todavía más explícita: pasar de un estado que administra a uno que produce. El gobernador habló de la próxima implementación en Puebla de los proyectos nacionales de café y maíz del bienestar, junto con el potencial de la miel. La intención: abrir mercados y permitir que los productores reciban una mayor parte del valor de lo que generan.

Modernizar Puebla también exige desmantelar vicios del pasado y en ese sentido la seguridad tuvo su propio peso.

Se habló de grupos criminales, detenciones y combate al robo de combustible. Con el vicealmirante Francisco Sánchez presente, la coordinación y la capacidad operativa ocuparon un lugar central.

El mensaje del gobernador apuntó también a las complicidades entre autoridades municipales y delincuencia: por lo que anticipó, habrá nuevas acciones contundentes, sin importar partidos, en contra de mandos altos vinculados con el crimen.

Pero quizá el movimiento político más interesante de la tarde estaba en la propia reunión.

Sentarse durante cinco horas con líderes de opinión y comunicadores supone reconocer la importancia de quienes interpretan la vida pública del estado; ahí la comunicación adquirió un sentido estratégico: explicar decisiones, sostener argumentos y mantener cercanía con los poblanos en tiempos de posverdad.

Hubo risas y valores entendidos. Se habló también de estrategia, de actores políticos y de futuros compartidos. El horizonte de 2027 estaba presente.

Mi lectura es que el gobernador buscó colocar esa discusión dentro de un marco: el rumbo político se construye desde la conducción del gobierno. Las obras, las inversiones y las instituciones forman parte del terreno sobre el que se moverán las piezas.

Entre todos los temas, hubo una idea capaz de ordenar la reunión: las dos lealtades de Armenta, hacia la presidenta Claudia Sheinbaum y hacia el pueblo.

La primera expresa pertenencia a un proyecto nacional, coordinación y entendimiento político. La segunda fija el destino de ese esfuerzo: que las decisiones encuentren sentido en la vida de los poblanos.

Juntas trazan una posición para los años que vienen: alineamiento con la presidenta y una responsabilidad estatal con prioridades y conducción propias.

Al cabo de cinco horas, la cercanía había permitido observar mejor al gobernador. El humor convivía con la exigencia; la experiencia, con una visión de modernización que incluye enfrentar las complicidades que han limitado a Puebla.

Al final, en la mesa estaba un hombre cómodo en el ejercicio del poder y consciente de lo que implica sostenerlo.

Para los círculos políticos de Puebla, esa es una imagen que conviene registrar rumbo a 2027: Armenta ha puesto sus prioridades sobre la mesa y espera que su equipo se mueva con ellas.


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