Por: Guadalupe Crisanto
Las bardas no mienten: la sucesión en Puebla ya arrancó y comenzó con pinta de bardas y promoción disfrazada.
Mientras Morena se adelantó, el PAN fingía indignación, pero ahora ya no le importa y está haciendo lo mismo. El chiste es que yo nadie respeta los tiempos.
Lo curioso no es que Morena haya arrancado antes de tiempo con la colocación de nombres; lo verdaderamente llamativo es que los panistas hoy se rasgan las vestiduras por los “adelantados”, pero sus aspirantes son personajes que en su momento hicieron exactamente lo mismo.
La diferencia es que cuando el PAN gobernaba, estas prácticas eran llamadas “trabajo político”; hoy, desde la oposición, reciben el nombre de “ilegalidades”.
Aunque públicamente todos juran que “no son tiempos”, las bardas ya hablan.
Los nombres de Laura Artemisa García Chávez y Celina Peña Guzmán comenzaron a verse en distintos puntos, confirmando que dentro de Morena la carrera por el poder empezó mucho antes del calendario electoral.
Por el lado del PAN vemos a Genoveva Huerta, quien durante años construyó su presencia política mediante espectaculares, brigadas y posicionamiento territorial mucho antes de los tiempos electorales. También a Jorge Aguilar Chedraui, símbolo de una generación política acostumbrada al marketing permanente y al control de estructuras. Es conocido por une excelente operador político.
Las críticas del PAN, son del mismo partido que durante años convirtió espectaculares, bardas y promoción personalizada en estrategia permanente.
Genoveva Huerta y Jorge Aguilar Chedraui se indignaban por los “adelantados”, como si ellos nunca hubieran hecho política anticipada. Así que ya sumaron a los adelantados.
En Puebla nadie pinta bardas por amor al arte. Las bardas son encuestas callejeras, mensajes internos y demostraciones de fuerza.
La realidad es simple: todos critican las campañas adelantadas… hasta que les toca ser candidatos.
En realidad, las bardas son apenas el síntoma de algo más profundo: la ausencia total de competencia interna real y la obsesión adelantada por la sucesión.
Y mientras unos pintan bardas y otros las critican, el ciudadano vuelve a quedar fuera de la conversación. Porque en ninguna pared se habla de inseguridad, transporte, agua o economía; sólo aparecen nombres, colores y sonrisas calculadas.
La política poblana sigue atrapada en lo mismo: promoción personal disfrazada de cercanía ciudadana y críticas selectivas dependiendo de quién sostiene la brocha.
Hasta la próxima
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