21.8 C
Puebla
lunes, mayo 18, 2026

PODER JUDICIAL: EL GOLPE DE AUTORIDAD DE PEDRO ANTONIO MARTÍNEZ

Compartir en:

Por: Ana Celia Lara

En el Poder Judicial de Puebla las aguas andan más que movidas.

Quienes pensaban que la llegada de Pedro Antonio Martínez al Consejo de la Judicatura iba a ser tersa o meramente de transición, se equivocaron por completo.

Mano firme, le llaman unos; reacomodo de fuerzas, dicen otros.

Lo cierto es que a poco tiempo de haber asumido el cargo —y tras sortear ese mar de críticas iniciales que si por la edad, que si por los títulos— el nuevo presidente no llegó a contemplar el paisaje.

En los primeros días se centró en combatir a la corrupción, posteriormente en la desaparición paulatina de los juzgados municipales y en la actualidad está reestructurando profundamente el aparato de justicia poblano.

El dato es contundente: la rotación masiva de 120 jueces, secretarios y diligenciarios es un auténtico «manotazo» en la mesa. Un movimiento de ajedrez que sacude las estructuras y que, nos guste o no, manda un mensaje clarísimo de control hacia el interior de los distritos judiciales.

Dicen los que saben que en estos terrenos, mover la alfombra es la única forma de romper inercias y vicios del pasado.

Pero el verdadero termómetro, ese que mide el sentir real de los ciudadanos de a pie, no está en los escritorios, sino en las calles y en las causas que duelen.

La lupa hoy está puesta sobre la investigación al juez Enrique Romero Razo. Y es que abrirle un expediente por la polémica modificación de medidas cautelares a Manuel Forcelledo —sentenciado por el doloroso feminicidio de Karla López Albert en 2014— no es un asunto menor.

El caso de Karla dejó una herida profunda en Puebla; tocó las fibras más sensibles de la sociedad y reactivó la exigencia de colectivos feministas que legítimamente exigen que la justicia no se archive ni se flexibilice tras bambalinas.

Para la nueva gestión, este caso es la hora de la verdad. Actuar con transparencia y castigar si hubo irregularidades no solo es una obligación legal, sino la única vía para ganarse la confianza de una opinión pública que ya no se conforma con discursos.

Con los pies puestos en la tierra, habrá que ver si estos cambios y sacudidas realmente limpian los pasillos de la justicia poblana o si solo quedan en una estrategia de legitimación política. Ni Más Ni Menos

Hasta entonces…

Ana Celia Lara

anacelialara@hotmail.com

Twitter

@anacelialara

Facebook

Ana Celia Lara Hernández

Instagram

anacelialarahernandez

TikTok

@anacelialara4z


Compartir en:
Compartir en:

Por: Ana Celia Lara

En el Poder Judicial de Puebla las aguas andan más que movidas.

Quienes pensaban que la llegada de Pedro Antonio Martínez al Consejo de la Judicatura iba a ser tersa o meramente de transición, se equivocaron por completo.

Mano firme, le llaman unos; reacomodo de fuerzas, dicen otros.

Lo cierto es que a poco tiempo de haber asumido el cargo —y tras sortear ese mar de críticas iniciales que si por la edad, que si por los títulos— el nuevo presidente no llegó a contemplar el paisaje.

En los primeros días se centró en combatir a la corrupción, posteriormente en la desaparición paulatina de los juzgados municipales y en la actualidad está reestructurando profundamente el aparato de justicia poblano.

El dato es contundente: la rotación masiva de 120 jueces, secretarios y diligenciarios es un auténtico «manotazo» en la mesa. Un movimiento de ajedrez que sacude las estructuras y que, nos guste o no, manda un mensaje clarísimo de control hacia el interior de los distritos judiciales.

Dicen los que saben que en estos terrenos, mover la alfombra es la única forma de romper inercias y vicios del pasado.

Pero el verdadero termómetro, ese que mide el sentir real de los ciudadanos de a pie, no está en los escritorios, sino en las calles y en las causas que duelen.

La lupa hoy está puesta sobre la investigación al juez Enrique Romero Razo. Y es que abrirle un expediente por la polémica modificación de medidas cautelares a Manuel Forcelledo —sentenciado por el doloroso feminicidio de Karla López Albert en 2014— no es un asunto menor.

El caso de Karla dejó una herida profunda en Puebla; tocó las fibras más sensibles de la sociedad y reactivó la exigencia de colectivos feministas que legítimamente exigen que la justicia no se archive ni se flexibilice tras bambalinas.

Para la nueva gestión, este caso es la hora de la verdad. Actuar con transparencia y castigar si hubo irregularidades no solo es una obligación legal, sino la única vía para ganarse la confianza de una opinión pública que ya no se conforma con discursos.

Con los pies puestos en la tierra, habrá que ver si estos cambios y sacudidas realmente limpian los pasillos de la justicia poblana o si solo quedan en una estrategia de legitimación política. Ni Más Ni Menos

Hasta entonces…

Ana Celia Lara

anacelialara@hotmail.com

Twitter

@anacelialara

Facebook

Ana Celia Lara Hernández

Instagram

anacelialarahernandez

TikTok

@anacelialara4z


Compartir en:

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Últimas