Que tal estimado lector, antes de iniciar con la primera del año, deseo que las fiestas decembrinas hayan sido placenteras para cada uno de ustedes, un abrazo fraterno a la distancia y que cada una de sus metas planificadas se hagan realidad.
Se que le resultara extraño el título que hoy acompaña mi columna, hace tiempo decidí dejar los temas sociopolíticos y enfocarme a un tema que es mas de mi dominio, pero algo de la magnitud de lo que sucedió la madrugada del 3 de enero de 2026, la cual, creo quedará marcada como el momento en que Estados Unidos decidió arrancar de raíz al chavismo. Nicolás Maduro, el hombre que se aferró al poder con discursos bolivarianos y represión, fue capturado en Caracas y trasladado a Nueva York. Donald Trump, con su tono triunfalista, calificó la operación como “brillante”, una ejecución táctica de alto nivel, sin bajas estadounidenses y con un mensaje claro: Washington está dispuesto a intervenir militarmente en América Latina.
Pero lo que debería ser un asunto venezolano pronto se convirtió en un eco regional. Trump acusó al presidente colombiano Gustavo Petro de “producir cocaína” y advirtió que “no lo hará por mucho tiempo”. La amenaza de una operación militar en Colombia no es un rumor, es una declaración pública. Y como si fuera poco, México también fue mencionado: “algo tendrá que hacerse” frente al poder de los cárteles. Aunque Trump descartó una invasión directa, la advertencia es suficiente para encender las alarmas.
El golpe simbólico
La captura de Maduro no solo derrumba un régimen, también abre la puerta a un nuevo ciclo de intervenciones. Trump no habla de diplomacia, habla de fuerza. Y cuando un presidente estadounidense coloca a México en la misma frase que Venezuela y Colombia, el mensaje es inequívoco: el narcotráfico se ha convertido en el pretexto perfecto para justificar cualquier acción.
México, con su historia de relaciones tensas con Washington, no puede ignorar que el vecino del norte ya probó que puede actuar sin pedir permiso. La operación en Caracas se realizó sin autorización del Congreso estadounidense y violando el derecho internacional. Si lo hicieron allá, ¿qué impediría que lo intenten aquí?
El costo para México
La detención de Maduro afecta a México en varios frentes:
Diplomático: Claudia Sheinbaum mantiene una relación cordial con Trump, pero la condena mexicana a la intervención militar en Venezuela ya generó fricciones.
Económico: cualquier escalada militar en la región impactará en mercados, petróleo y comercio. México, como socio estratégico, quedaría atrapado entre la presión de Washington y la solidaridad latinoamericana.
Político interno: la narrativa de Trump sobre los cárteles refuerza la idea de que México no controla su territorio. Eso puede traducirse en mayor presión internacional y en un discurso que debilite la soberanía nacional.
Seguridad: si EE. UU. decide “hacer algo” contra los cárteles, la frontera norte se convierte en un punto de tensión militar y social.
La pregunta no es si México está en riesgo de invasión, sino cuánto puede soportar la presión de un vecino que ya demostró que actúa unilateralmente. La captura de Maduro es un triunfo para Trump, pero también un aviso para nosotros: la política exterior estadounidense está dispuesta a cruzar cualquier límite.
México debe leer este momento con claridad. No basta con condenar la intervención; se necesita una estrategia que combine firmeza diplomática, fortalecimiento interno y alianzas regionales. Porque si Venezuela fue el laboratorio, Colombia es la amenaza inmediata y México aparece en la lista de pendientes.
Maduro cayó, pero el verdadero temblor apenas comienza. Trump no solo capturó a un dictador, también abrió la puerta a un nuevo ciclo de intervenciones que pueden alcanzar a México. La soberanía no se defiende con discursos, se defiende con hechos. Y hoy, más que nunca, México debe decidir si quiere ser espectador de la historia o protagonista de su propia defensa, porque, como dice nuestro Himno: Mas si osare un extraño enemigo… un soldado en cada hijo te dio.
No nos queda más que esperar reacciones y acciones próximas de cada organización.
Nos leemos en la próxima y no lo olvide: lo leyó en Sin Tinta Ni Carbón.
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