Por: Guadalupe Crisanto
¿Qué pasa por la cabeza de un hombre de la tercera edad, empresario y, aparentemente, con una vida estable, para decidir salir a una de las vialidades más importantes de Puebla y disparar contra automovilistas que simplemente transitaban por la Vía Atlixcáyotl?
Sin duda alguna la pregunta difícilmente tiene una respuesta sencilla. Y es que detrás de un hecho así pueden existir problemas emocionales, de salud mental, deterioro cognitivo, conflictos personales o cualquier otra circunstancia que solo una investigación, que ya está en manos de la Fiscalía General de Puebla, podrá esclarecer.
Aunque ninguna explicación convierte en aceptable poner en riesgo la vida de personas inocentes, quienes simplemente circulaban por la Vía Atlixcáyotl.
Cuando Rafael N, de 59 añ8os decidió utilizar un arma contra desconocidos, también sabía que generaría miedo y temor en la población, tan es así que lo hizo más de diez veces. Nada explica que el Sr. empresario de fármacos, gasolineras y consultorías, un día haya tenido la idea de salir a echar tiros a cualquier vehículo, sin importar que pusiera en riesgo la vida de menores de edad.
Hoy corresponde a las autoridades hacer su trabajo, determinar responsabilidades y explicar qué motivó a Rafael N, a tener una conducta tan peligrosa.
A la sociedad nos queda una reflexión: nadie está exento de atravesar situaciones complejas, aún cuando parezca tener una vida económica y familiar tranquila, pero el acceso a un arma y la decisión de usarla contra otros nunca pueden justificarse.
La Vía Atlixcáyotl volvió a la normalidad, pero la pregunta sigue abierta: ¿qué lleva a una persona a cruzar esa línea de la que ya no hay regreso?
Hasta la próxima
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