El Producto Interno Bruto (PIB) cayó 8.5% en 2020, y no sólo derivado de la pandemia del COVID-19.
Desde el 2002 no había dos años seguidos de declive económico.
Peor aún: ni en la muy mala administración del priista Miguel de la Madrid se cayó tanto: apenas 4.36% en 1983.
Los cálculos internacionales hablaban de que el descalabro sería de unos 9 puntos a raíz del coronavirus, y estuvimos muy cerca.
Varios elementos vemos en el discurso empresarial criticando decisiones del gobierno federal que han afectado el desempeño económico, al margen de la pandemia.
Se cuestiona la política energética contra la inversión en energías renovables, un freno a la inversión norteamericana en ese rubro, incapacidad para reducir los índices delictivos, la persistencia de delitos en carreteras, asaltos a trenes de carga y falta de gasto público en obra que además, la poca que se realiza es ejecutada por Sedena y no por las empresas de la CMIC y la falta de estímulos a los emprendedores ante la crisis del COVID-19.
El aumento poblacional incontenible, revelado por el censo de población que ubicó a México con 126 millones 14 mil 24 habitantes, complica aún más el crecimiento económico, pues presiona los servicios públicos.
En medio de ello, el sábado pasado el presidente Andrés Manuel López Obrador se mostró en un video caminando por los pasillos de Palacio Nacional sin cubrebocas, cuando su uso es instrucción incuestionable para todo positivo de COVID-19.
El mensaje intentó acallar la especulación en torno a su padecimiento generado por información imprecisa y errática de su gabinete.
Nada fácil la cuesta de enero que se extenderá a febrero, sobre todo con una pandemia que no se logra frenar y la permanente suspensión de actividades no esenciales que quitan oxígeno a una economía agonizante.
