Por: Ana Celia Lara
Dicen por los pasillos del Pueblo Mágico de Atlixco, que la guerra por la presidencia municipal ya comenzó.
En el centro del huracán se encuentra Ariadna Ayala Camarillo, la primera presidenta municipal que ha saboreado las mieles y las hieles de la autodenominada Cuarta Transformación.
Pero en política, como en la física, el vacío no existe.
Mientras la administración de Ayala enfrenta los embates del fuego amigo y opositor, con la detención del secretario de Seguridad Pública, Antonio «N» y el amparo que habría tramitado para evitar ser detenida, el tablero de ajedrez estatal comienza a mover otras piezas.
Aquí es donde entra al escenario Ana Laura Altamirano Pérez, figura clave del sector agropecuario poblano, y quien en diversas ocasiones ha sido cobijada por el gobernador Alejandro Armenta.
Con su paso reciente por la legislatura y su arraigo en la estructura del campo, Altamirano se asoma otra vez como uno de los perfiles femeninos con mayor peso específico en la región.
Sin embargo, la ruta no es un campo de rosas: su posible proyección en tierras atlixquenses ha generado escozor y debate sobre la identidad territorial, recordando que en la política municipal de Puebla, el origen pesa tanto o más que las bendiciones políticas.
Ella es de Atzitzihuacán, y diputada local con licencia por la región de Atlixco.
El pulso de este pueblo mágico nos deja una lectura clara: las mujeres están al frente de la jugada, pero la arena política local exige más que buenas intenciones. Entre el desgaste natural de los ejercicios de gobierno que defienden su trinchera y los perfiles que buscan reposicionarse desde el aparato estatal, la moneda sigue en el aire. Ni Más Ni Menos.
Hasta entonces…
Ana Celia Lara
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